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La contaminación atmosférica en la Unión Europea |
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La contaminación de la atmósfera, el agua y el suelo es uno de los problemas más graves de nuestra época a escala mundial e incluso amenaza la continuidad de la vida en el planeta. Existen diferentes tipos de contaminación: atmosférica, acústica, visual, etc. Una de las más conocidas por el gran público es la atmosférica. La combustión de combustibles fósiles (petróleo, carbón) en las centrales térmicas y en los coches arroja a la atmósfera óxidos de azufre (SOx) que pueden ocasionar una lluvia ácida que corroe extensas zonas de vegetación e incluso las piedras de algunos edificios y monumentos antiguos. Los coches también emiten óxidos de nitrógeno (NOx) y dióxido de carbono (CO2) que pueden afectar seriamente nuestra salud. También son nocivos los clorofluorocarburos (CFC) que se emplean en los sistemas refrigerantes, aerosoles y extintores. La emisión de CFC provoca la disminución de la capa de ozono que recubre la atmósfera terrestre y nos protege de los rayos ultravioletas. La disminución de la capa de ozono favorece la generación de enfermedades de piel y limita nuestra capacidad de exposición al sol. Por último, la contaminación atmosférica tiene consecuencias muy perjudiciales para el medio ambiente a escala planetaria. Es el caso del "efecto invernadero", que consiste en un aumento de la temperatura terrestre que puede ocasionar cambios climáticos y originar sequías, inundaciones etc. La UE ha firmado el Convenio Internacional del Cambio Climático y se ha fijado como objetivo reducir las emisiones de CO2 en el año 2000 a los niveles de 1990. Entre las políticas energéticas y medioambientales adoptadas por la UE está la paulatina eliminación de la combustión de carbón mineral, rico en azufre, y su sustitución en calefacciones y centrales termoeléctricas por gas natural, unido al uso de minicentrales eólicas (viento), solares o hidroeléctricas. El uso de gasolina sin plomo en los coches, de catalizadores en los tubos de escape, de filtros en las chimeneas de las fábricas, y la limitación del amoníaco en los fertilizantes agrarios, son otras de las medidas adoptadas con éxito |