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Documento informativo > El coste de la vida en la Unión Europea |
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Los precios de los diferentes países o regiones dependen, principalmente, del "nivel de renta" de las personas que habitan dicha zona. No vale lo mismo un piso en Madrid o Barcelona, que en un pequeño pueblo de Extremadura o Asturias. El precio de la vivienda refleja de manera clara las diferencias económicas que suelen darse dentro de un mismo país, porque los pisos no pueden desplazarse de un sitio a otro y, por lo tanto, están especialmente ligados al poder adquisitivo de las personas que habitan la localidad donde se encuentran. En el ámbito de la UE, las diferencias de renta son bastante grandes. Por ejemplo, supongamos que la media de la renta per cápita de la UE es 100, que España se encuentra en el 75, mientras que Luxemburgo alcanza el 153. Por lo tanto, es lógico que en Luxemburgo la vida sea más cara, ya que sus ciudadanos pueden permitírsela (en una economía de mercado, el precio es el mecanismo que ajusta la oferta a la demanda). No obstante, existen ciertas excepciones a esta regla provocadas por causas estructurales (se repiten a lo largo de los años) o coyunturales (se producen en un momento concreto). Por ejemplo, los precios de la alimentación dependen, además del nivel de renta, de los costos agrícolas, las costumbres culturales y los hábitos gastronómicos (causas estructurales) y de la buena o mala cosecha, las enfermedades del ganado, etc. (causas coyunturales). En España, por ejemplo, existen ciertos factores estructurales (normas legales, hábitos de consumo, etc.) que hacen que los servicios sean especialmente caros con respecto a los productos industriales o agrícolas. Además, los precios de los servicios son bastante inflacionistas -suben más rápido que el resto de precios-, lo cual perjudica la economía nacional y el bolsillo de los consumidores. Pero como se trata de causas estructurales, esta situación es muy difícil de enderezar, porque los que trabajan en el sector servicios están acostumbrados a ciertos derechos o privilegios que no están dispuestos a sacrificar para favorecer un abaratamiento de los precios. Resumiendo, la puesta en marcha de la moneda única no tiene porqué provocar subidas ni bajadas de precios, ya que éstos dependen de las estructuras económicas del país i no solo de la competencia. |
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Gonzalo Alegría Varona, 1999 Datos actualizados con información extraída del "Anuario Estadístico de España 2007" publicado en la página web del Instituto Nacional de Estadística (http://www.ine.es). |