Fundación "la Caixa"

Libra esterlina

Libra. Corona de plata. 1880.
Anverso y reverso.
Colección privada de Fernando Segarra. Madrid.

La industrialización europea 1750-1900

El dinero en la historia

Sociedad

Cartografía

LAS REVOLUCIONES BURGUESAS

En los países de la Europa occidental, la burguesía era la clase social económicamente más poderosa, pero la vieja aristocracia conservaba todavía el poder político y muchos privilegios, como el de no pagar impuestos. Además, los nobles, como no trabajaban, no aportaban prácticamente nada a la economía productiva. Como la aristocracia se negó a aceptar cualquier tipo de reforma, los cambios tuvieron que llegar de la mano de violentas revoluciones. La lucha por democratizar el parlamento inglés (1648) fue la primera señal y la Revolución Francesa (1789), el episodio más destacado de esta lucha por el control político, que más tarde se extendería por el resto de países europeos.
Las revoluciones burguesas reclamaban el fin del
absolutismo* monárquico, propio de los siglos XVII y XVIII, y defendían el liberalismo* político. El liberalismo se basaba en una constitución* que incluía el principio de que el pueblo es el soberano de la nación y otorgaba a un parlamento* elegido -y no al rey- el poder legislativo, es decir, el poder para hacer las leyes.

LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL

El triunfo liberal y burgués coincidió, y no por casualidad, con un periodo en el que la explotación de nuevas fuentes de energía (carbón y luego electricidad y petróleo) y la invención de nuevas máquinas (la de vapor y la locomotora principalmente) provocaron un cambio radical en la economía y en la sociedad europeas. Este periodo se conoce como la revolución industrial. El uso de máquinas en las fábricas permitía un ritmo de producción muy rápido que necesitaba de mucha mano de obra para atender todo el proceso, por lo que las ciudades se llenaron de trabajadores procedentes del campo que buscaban empleo. Pero la competencia capitalista era feroz y descuidaba las condiciones laborales de los asalariados. Como consecuencia, apareció el proletariado urbano, una clase social que vivía en la miseria y en la desprotección más absolutas. Pronto estallaron movimientos de protesta en las principales ciudades europeas, que finalmente cristalizaron en sindicatos de trabajadores para luchar por una mejora de las condiciones laborales.
Muchos historiadores consideran que la revolución industrial es la segunda gran revolución de la humanidad después de la neolítica, ya que ambas supusieron una transformación radical de la sociedad.

EL COLONIALISMO

La sociedad industrial necesitaba obtener las materias primas (algodón, azúcar, cacao, etc.) a bajo precio y también un mercado donde poder vender los productos, por lo que las naciones industriales europeas se lanzaron a la conquista del resto del mundo. Inglaterra y Francia extendieron sus posesiones coloniales por todos los continentes, según los intereses de las nuevas empresas que se habían constituido en Europa. Inglaterra ocupó la vanguardia de este proceso imperialista y su moneda, la libra esterlina, fue la más utilizada en el comercio internacional.
Paralelamente, una serie de factores de tipo político (guerras religiosas y de unificación) y económico (falta de trabajo y de recursos) provocaron una gran emigración de población europea de diferentes naciones (Irlanda, Inglaterra, Alemania e Italia principalmente) hacia EEUU y Canadá.

LA ILUSTRACIÓN

El pensamiento ilustrado del siglo XVIII propagó la idea del progreso técnico y científico, idea que tendría su continuidad un siglo más tarde en las teorías de Darwin y Freud. El arte romántico que surgió paralelo a las revoluciones políticas y nacionales (Beethoven, Delacroix, Byron) dio paso al movimiento realista de la sociedad industrial (Dickens, Balzac, Rodin) y al movimiento impresionista (Van Gogh), que ya anunciaba los cambios fundamentales del siglo XX

Sección de montaje de los talleres de la Maquinista Terrestre y Marítima.
Siglo XIX.

* ABSOLUTISMO: Régimen político en el que el poder del estado es ejercido por el soberano sin limitación jurídica alguna.

* LIBERALISMO: Ideología que defiende la libertad política y económica de los estados.

* CONSTITUCIÓN: Ley fundamental en la organización de un estado.

* PARLAMENTO: Cámara o asamblea legislativa que hace las leyes. Sus miembros pueden ser elegidos por el rey o por el pueblo (parlamento democrático).


1 EL SIGLO XIX, SIGLO DE LA INDUSTRIALIZACIÓN EUROPEA

Aunque la revolución industrial se inició a mediados del siglo XVIII, fue en el siglo XIX cuando se consiguió la plena industrialización de la economía europea. Cuatro son los factores que coincidieron para impulsar este desarrollo: la utilización de nuevas fuentes de energía, el aumento de la población, la emigración de los campesinos a las ciudades y la mejora de los transportes.

NUEVAS FUENTES DE ENERGÍA: LA ELECTRICIDAD Y EL PETRÓLEO

En la segunda mitad del siglo XVIII, el uso del carbón y el vapor como fuentes de energía aplicadas a la industria dio paso a la revolución industrial. Ya en el siglo XIX, los avances científicos y técnicos provocaron una segunda revolución energética, representada principalmente por el uso de la electricidad y del petróleo (motor de combustión). Estas dos nuevas fuentes de energía supusieron un avance considerable tanto en los procesos de fabricación como en los objetos fabricados. Este proceso de industrialización, que nació en Inglaterra y desde allí

EL AUMENTO DE LA POBLACIÓN EN EUROPA

Los adelantos en el campo de la medicina provocaron un aumento de la población en el continente. Hacia el año 1800, Europa era la región más poblada del mundo, con 200 millones de habitantes, una quinta parte de la población mundial de entonces. Durante el siglo XIX la población europea no paró de crecer, a pesar de que las Guerras Napoleónicas y otros grandes conflictos bélicos (guerras de unificación en Alemania e Italia) diezmaron muchas regiones. A principios del siglo XX, la población europea ya sumaba 400 millones y suponía la cuarta parte de la población mundial.

Inmigrantes a su llegada a la isla de Ellis (Nueva York), en un barco de la línea atlántica. 1900.
AISA.

LA POBLACIÓN RURAL EMIGRA A LAS CIUDADES

Los avances en materia agrícola y el uso de máquinas para las tareas del campo incrementaron la productividad de la tierra (se producía más y más rápido) y facilitaron mucho el trabajo, de manera que unos pocos agricultores podían hacer frente al reto de alimentar a una población creciente. Muchos campesinos se quedaron sin trabajo y emigraron a las ciudades que, en esos momentos, necesitaban mano de obra para la industria. Como había tantos trabajadores en las ciudades, los empresarios, para incrementar sus beneficios, podían mantener los salarios muy bajos y establecer unas condiciones de trabajo muy duras e injustas: jornadas laborales de 12, 14 o 16 horas, sin ningún tipo de seguridad laboral ni sanitaria (sin prestaciones por enfermedad ni desempleo) y con unos sueldos bajísimos. Además, se favorecía el trabajo de mujeres y niños en pésimas condiciones. Como la mayoría de los obreros venían del campo y no tenían casa en la ciudad, empezaron a construirse barrios en las afueras de las ciudades, donde los trabajadores vivían hacinados y sin condiciones de salubridad.

LA MEJORA DEL TRANSPORTE FAVORECE AL COMERCIO

La invención de la máquina de vapor (Watt, 1769) disparó la producción en las fábricas y revolucionó el transporte: del velero se pasó al barco de vapor y del carro de caballos al fe-rrocarril (1814). Para hacernos una idea del gran progreso que supuso la introducción de la máquina de vapor, sólo hace faltar mirar unos datos: durante las campañas de Napoleón, unos cuantos años antes de la llegada del vapor, las tropas avanzaban a la misma velocidad que lo hacían las de Julio César, casi 2.000 años antes.
La mejora de los medios de locomoción garantizó un transporte marítimo y terrestre mucho más rápido y permitió incrementar el comercio exterior agrícola y la migración al extranjero.


2 EL SIGLO DEL IMPERIO BRITÁNICO:
LA LIBRA ESTERLINA

Desde el punto de vista financiero y económico, Inglaterra se convirtió en el centro de la economía mundial, hasta el extremo de que muchos historiadores definen el siglo XIX como el siglo del Imperio Británico.

DEL MERCANTILISMO AL LIBRECAMBISMO

Si desde el siglo XVII el sistema que había marcado la economía exterior de los países era el mercantilista, con medidas de protección para los productos nacionales frente a los extranjeros, en el siglo XIX el Imperio Británico obligó a las otras grandes potencias a abrir poco a poco sus mercados a la competencia exterior. Inglaterra, que había iniciado la revolución industrial y se encontraba en primera posición de los países industrializados, necesitaba nuevos mercados donde vender sus productos y nuevos países donde ir a buscar materias primas baratas. De este modo, se entró en la época del librecambismo o liberalización del comercio, mediante acuerdos bilaterales entre Inglaterra y los otros países.
El acuerdo más importante al respecto fue el Tratado Cobden-Chevalier (1860), que abrió el proteccionista mercado francés a la competencia de los productos británicos. Este tratado representó el punto de partida de un cambio en las relaciones comerciales internacionales. El acuerdo, que promulgaba la libertad de comercio y eliminaba todos los aranceles (impuestos de aduana) entre los dos países firmantes, provocó una oleada de acuerdos bilaterales entre los de

Prensa tipo Thonnelier (libra esterlina).
Primera en España para
acuñar monedas con vapor.
Museo Casa de la Moneda.

LA APARICIÓN DE LOS BANCOS CENTRALES

Fue en este período cuando los estados decidieron centralizar la fabricación de billetes y monedas en un único banco de carácter oficial, los llamados bancos centrales. Además, la mayoría de países puso en marcha una moneda nacional. En el caso de España, la peseta como tal apareció en 1868. El Decreto Figuerola fijaba como unidad la peseta de plata de 100 céntimos. Tenía múltiplos acuñados en oro y plata y fracciones menores de 10, 5, 2 y 1 céntimos hechas en bronce.
El primer banco central del mundo fue el Banco de Francia, constituido por Napoleón en 1800, que emitía monedas y billetes con la garantía de las letras que le presentaban: es decir, si alguien llevaba al Banco para su cobro una letra de 50 francos, el Banco podía emitir 50 francos bajo la garantía de la letra. Sin embargo, el Banco de Inglaterra, que obtuvo el monopolio de la emisión de moneda del Reino Unido en 1844, emitía moneda sólo si en las arcas del banco había suficiente oro como para respaldar la emisión. En 1817, el "soberano" (del inglés "sovereign") de oro, que era la moneda del oro del patrón bimetálico (oro-plata), tenía 7,9881 g de oro y equivalía en valor a 15,5 libras esterlinas de plata.

LA LIBRA ESTERLINA

La libra era la unidad monetaria de plata del patrón bimetálico del Reino Unido. Actualmente es su divisa nacional y se repesenta con el símbolo £. La libra está representada por una moneda llamada "soberano". Debido a la posición que tradicionalmente ha tenido el Reino Unido en el comercio mundial, la libra ha sido una de las principales unidades monetarias o divisas utilizada a escala internacional.
El nombre de libra esterlina proviene de una libra que se acuñaba en el siglo XI, llamada "sterling" porque tenía una estrella (star) en el centro. Su símbolo £ y su subdivisión en 20 chelines y la de cada chelín en 12 peniques, proceden del sistema monetario carolingio. En 1931, la Unión Europea obligó al Reino Unido a adoptar el sistema decimal y actualmente una libra equivale a 10 chelines y a 100 peniques.

3 EL SISTEMA DE PATRÓN ORO

¿QUÉ ES EL PATRÓN ORO?

Como ya hemos dicho, durante el siglo XIX, Londres fue el centro financiero internacional y su sistema monetario, el patrón oro, predominó mientras la libra esterlina fue la moneda más aceptada. El patrón oro se aceptó en Gran Bretaña en 1816, en 1873 se extendió a Estados Unidos y en 1900 casi todos los demás países admitieron este sistema.
El patrón oro era un sistema monetario que permitía convertir todos los medios de pago legales (billetes, pagarés, letras, etc.) y cambiarlos por cantidades predeterminadas de oro. El sistema funcionaba de la siguiente manera: si la libra esterlina equivalía a 113 g de oro y el franco francés a 4,47 g de oro, la paridad (relación de cambio) entre ellas era de 1 libra por cada 25,28 francos franceses.
Ej.: 25,28 francos x 4,47 g de oro/cada franco = 113 g de oro o, lo que es lo mismo, 1 libra esterlina.
Todas las monedas tenían un tipo de cambio o paridad respecto al oro. A partir de estas cifras se fijaron los tipos de cambio entre todos los países.

DEFECTOS DEL SISTEMA

Este sistema de conversión tenía sus defectos. Si, por ejemplo, los franceses e ingleses tenían un comercio equilibrado entre ellos (se vendían y compraban más o menos en la misma proporción) podían pagar al otro país con sus propios billetes. Pero si Francia compraba a Inglaterra más de lo que le vendía, entonces los ingleses tenían muchos francos y no sabían qué hacer con ellos. Lo lógico era que los ingleses exigieran a los franceses que les cambiaran los francos por oro. Al hacerlo, los franceses reducían sus reservas de oro y, al tener menos oro, tenían que reducir la cifra de conversión de los francos a oro. Por ejemplo, en vez de corresponder a 4,47 g de oro, cada franco emitido equivalía a 3,5 g de oro. El tipo de cambio variaba, ya que una libra esterlina seguía equivaliendo a 113 g de oro, pero ahora la libra, en lugar de 25,28 francos valía 32,2 francos, porque los franceses habían perdido reservas de oro con que respaldar sus billetes. Al devaluarse el franco había que pagar más francos franceses por cada libra esterlina, los productos británicos en el mercado francés se encarecían y perdían competitividad, porque tenían menos capacidad de competir con los productos franceses, que eran más baratos.

UN PROBLEMA PARA LOS PAÍSES CON POCA IMPORTACIÓN

Los países más perjudicados con este sistema eran los que producían pocos bienes para la exportación y que, por el contrario, precisaban importar de los países más desarrollados la maquinaria y la tecnología necesarias para su desarrollo. Estos países, al tener que ir ajustando continuamente sus tipos de conversión -compraban mucho y vendían poco-, se iban quedando progresivamente sin reservas de oro. Al quedarse sin reservas tenían que devaluar su moneda y de esta manera se encarecían todos los productos, incluidos muchos productos fundamentales para la población (alimentos, energía, etc.).
España, en aquella época, era un país poco desarrollado y tenía justamente este problema. La compra de maquinaria industrial y de productos de fuerte contenido tecnológico obligaba a España a devaluar la moneda por los ajustes automáticos que producía el patrón oro. Esta operación perjudicaba el consumo de todos los españoles, porque les privaba de otras importacio

Libra. Soberano de oro. 1880.
Anverso y reverso.
Colección privada de Fernando Segarra. Madrid.

Libra. Corona de plata. 1889.
Anverso y reverso.
Colección privada de Fernando Segarra. Madrid.

Libra. Soberano de oro. 1897.
Anverso y reverso.
Colección privada de Fernando Segarra. Madrid.

LAS CRISIS PRODUCIDAS POR EL SISTEMA DE PATRÓN ORO: LOS "PÁNICOS BANCARIOS"

El sistema de patrón oro, aunque monetariamente era muy eficiente porque ajustaba de manera automática las equivalencias (paridades) entre las monedas, producía constantes recesiones internacionales (descensos de la actividad económica). Durante el siglo XIX se registraron profundas crisis económicas internacionales en 1825, 1836 y 1847. El descubrimiento de abundante oro en California (EEUU) y posteriormente en Suráfrica, ayudó a que el patrón oro tuviera un comportamiento más flexible. No obstante todavía se dieron dos crisis más en el siglo, en 1874 y en 1893.
Cada vez que se registraba una crisis, la gente corría a los bancos a convertir su dinero en oro para evitar que sus ahorros perdiesen valor. El resultado era catastrófico, porque se producían quiebras en cadena de los bancos, que terminaban provocando "pánicos bancarios": la gente, atemorizada, desconfiaba de los bancos y prefería guardar metales preciosos en su casa en lugar de billetes.

UN EJEMPLO: EL BANCO DE ESPAÑA

Un ejemplo de la arriesgada vida de los bancos centrales europeos durante el siglo XIX lo tenemos en España. El Banco de San Carlos, fundado en 1782 por Carlos III, fue transformado en 1820 en una banco central "a la británica" con el nombre de Banco Español de San Fernando. Posteriormente, en una de las crisis, quebró y fue refundado como Nuevo Banco Español de San Fernando. Pero volvió a caer en desgracia y en 1856 tomó su nombre definitivo: Banco de España. Todos los reyes que se sucedieron durante la época regalaron un amuleto al Banco de España para que tuviese buena fortuna. El Rey Carlos III hizo poner a la entrada del Banco una estatua de Cibeles, diosa de la abundancia y, posteriormente, la reina Isabel II regaló al Banco el orbe dorado que actualmente sigue estando justo encima de la puerta principal.

Prensa de volante, de la
Fábrica de la Real Maestranza
de Sevilla. 1893.
Museo Casa de la Moneda.

Veinte reales. Fernando VII.
Anverso y reverso.
Archivo fotográfico del Museo
Arqueológico Nacional.
Fotografía de Francisco Rodríguez.

Peseta. 1869.
Anverso y reverso.
Archivo fotográfico del Museo
Arqueológico Nacional.
Fotografía de Francisco Rodríguez.

Peseta. 1870.
Anverso y reverso.
Archivo fotográfico del Museo
Arqueológico Nacional.
Fotografía de Francisco Rodríguez.

-- Es el tercer "pánico bancario" en lo que llevamos de año.
-- Pues a mí, si quieres que te diga la verdad, estas crisis financieras no me afectan para nada.Todo mi dinero lo llevo en el calcetín...

Durante el siglo XVIII, antes de la Revolución Francesa, los valores más importantes de la sociedad eran la ascendencia (la familia a que se pertenecía), la nobleza de sangre y el honor. El trabajo estaba mal visto por la aristocracia, pues lo consideraba propio de gente vulgar. Los aristócratas utilizaban todas las armas a su alcance para distinguirse del resto de los mortales: vestimenta, encajes, lujosos adornos, pelucas, afeites, perfumes e incluso el lenguaje. Por ejemplo, en la corte rusa se hablaba en francés como símbolo de distinción. Sin embargo, tanto refinamiento no impedía que en el suntuoso palacio de Versalles no hubiera ninguna instalación de baño o retrete.

Sin embargo, durante el siglo XIX, el ascenso al poder de la burguesía industrial provocó un cambio de valores y costumbres. El trabajo y el beneficio económico pasaron a ser los valores más estimados por la sociedad. Los ociosos aristócratas empezaron a perder poder e influencia frente a los ricos y laboriosos industriales. En cuanto a la higiene y a los usos en el vestir, los descubrimientos científicos habían demostrado la conexión entre la suciedad y la aparición y propagación de enfermedades. Como consecuencia, la gente empezó a utilizar ropa interior, a lavarse con cierta frecuencia y las casas empezaron a construirse con retretes. Otro gran avance fue la introducción de la luz de gas en las viviendas, fábricas y ciudades. Pero todos estos cambios sólo beneficiaron a las clases media y alta. La penosa y mísera situación de las clases humildes, agrícolas primero y urbanas después, apenas sufrió ningún cambio.

La Revolución Francesa es la más importante de las revoluciones burguesas de los siglo XVIII y XIX por la gran influencia que ejerció en el resto de los países europeos. Entre los personajes que ayudaron a desarrollar las ideas de cambio que desembocaron en la Revolución, destacan los pensadores ilustrados Rousseau, Montesquieu y Voltaire. Entre los dirigentes de la Revolución, sobresalen las figuras de Danton, representante del sector moderado, y Robespierre, que encabezaba el sector radical. Ambos murieron en la guillotina, ajusticiados por sus opositores.

La revolución industrial llegó empujada por el espíritu aventurero, científico y geográfico, similar al que ya había aparecido en Europa durante el renacimiento. Las expediciones del Capitán Cook por Oceanía (1768-1799), de los colonos americanos hacia Canadá o hacia el mítico oeste de Estados Unidos y las sucesivas incursiones europeas por el centro de África, son contemporáneas de grandes inventos (telégrafo en 1837, máquina fotográfica en 1839) y grandes avances en el campo de las ciencias físicas y químicas (leyes de Ohm y Faraday). A finales del siglo XIX, Thomas A. Edison inventó la bombilla y consiguió dar una aplicación práctica y fundamental a la electricidad.

África es el ejemplo perfecto de lo que fue y supuso el colonialismo. Un mapa del siglo XIX muestra cómo todo el continente había sido ocupado por tropas preferentemente francesas e inglesas, pero también alemanas, belgas, españolas, italianas y portuguesas. Europa buscaba en África materias primas (algodón, lino, semillas para aceite, carbón) y mano de obra barata.

Como clase dirigente, la burguesía favoreció la democratización, la industrialización y el comercio, pero para obtener el máximo beneficio empresarial de sus fábricas impuso a los obreros unas duras condiciones de trabajo. La injusticia de la situación y la imposibilidad de soportarla por mucho tiempo llevó a los proletarios a efectuar diferentes protestas que originaron el nacimiento de los sindicatos. Los sindicatos eran agrupaciones de trabajadores que tenían como objetivo defender los derechos de los obreros frente al dueño de la fábrica. La huelga se convirtió en su arma de protesta.

Fábrica de hilados del siglo XIX. Barcelona.

Thomas Alva Edison en la presentación del fonográfo de su invención en la Exposición Universal de París. 1889.
.AISA.

Thomas Alva Edison (1847-1931). Inventor estadounidense. Registró más de 1.200 patentes, entre las que destacan el fonógrafo y la lámpara incandescente.
AISA.

Todas las naciones colonizadoras tuvieron necesidad de cartografiar sus dominios y rutas comerciales. Esto hizo posible el surgimiento de importantes firmas cartográficas, como la de Bartholomew.



"The citizen's Atlas", Bartolomew. British Empire.
Instituto Cartográfico de Catalunya