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MEDIDAS PROTECCIONISTAS
Para ello, los monarcas promulgaron una serie de medidas de carácter proteccionista, que pretendían proteger los productos nacionales frente a los extranjeros. Algunas de estas medidas eran las siguientes:
Imponer elevados aranceles (impuestos de aduana) a los productos extranjeros que querían entrar en el país. De esta manera resultaban más caros y no podían competir con los productos nacionales. Imponer cupos a la importación. Establecer un comercio de monopolios, de forma que para cada mercancía hubiera un único productor o comerciante.
UN EJEMPLO DE MONOPOLIO: EL COMERCIO ESPAÑOL CON LAS COLONIAS DE AMÉRICA
El comercio monopolístico se llevaba a cabo de dos maneras. La primera consistía en nombrar un proveedor único para todo el país de determinado producto. Por ejemplo, los reyes borbones crearon, primero en Francia y después en España, "reales fábricas" de objetos de lujo, que potenciaban la producción nacional de artículos con un alto valor añadido. En España consiguieron especial prestigio la Real Fábrica de Tapices de Madrid, la Real Fábrica de Cristal de La Granja (Segovia) y la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla. La segunda manera de establecer monopolios era mediante el comercio exterior con las colonias. Después de las expediciones de Colón, España había iniciado un intenso comercio con sus colonias de América. Se obligaba a la colonia a comprar exclusivamente productos de la metrópolis (España), que se cobraban en metales preciosos. El comercio de España con sus colonias fue un buen ejemplo de este tipo de monopolio mercantilista.
LA PIRATERÍA, UNA PRÁCTICA INGLESA PARA LUCHAR CONTRA EL MONOPOLIO
Durante el reinado de los Austrias, todo el intercambio comercial entre España y América lo llevaban a cabo flotas fuertemente armadas. Desde Sevilla se hacían a la mar unas pocas veces al año para atravesar el Atlántico y atracar en los puertos fortificados americanos, como Veracruz (México) y Portobelo (Panamá). Allí descargaban las mercancías fabricadas en la metrópoli y cargaban productos de las colonias (café, tabaco, cacao, oro, plata, etc.). También en el Pacífico los puertos españoles estaban fuertemente fortificados, como los de Cartagena de Indias (Colombia) y el Callao (Perú). La preocupación por la seguridad de las flotas y sus valiosos cargamentos se debía al peligro de los ataques de los piratas. Como España no dejaba a los demás países comerciar con sus ricas colonias, otras potencias europeas, especialmente Inglaterra, intentaron hacerse con parte de este próspero negocio, incluso por medios no legales. Inglaterra favoreció el contrabando con las colonias españolas de América y corsarios como Sir Francis Drake trabajaron para la Corona Británica y fueron nombrados nobles por la misma reina Isabel I, como pago por los botines que obtenían.
LA ABUNDANCIA DE METALES PRECIOSOS DE LAS COLONIAS
Desde el punto de vista financiero y monetario, la consecuencia más importante de la colonización de América fue la gran cantidad de metales preciosos que llegaron a Europa para acuñar monedas y ponerlas en circulación. Se ha calculado que en el año 1500 en Europa había un total acumulado de 3.500 toneladas de oro y 37.500 toneladas de plata. Entre 1526 y 1533 las minas del Tirol y Sajonia produjeron únicamente 70 toneladas anuales de plata. Portugal importó de las minas que había en sus colonias africanas, especialmente de Mozambique, aproximadamente 1 tonelada de oro anual. Pero fue España la que aportó las cantidades más importantes de oro y plata a Europa durante la edad moderna. Entre los años 1500 y 1650 llegaron a España 181 toneladas de oro y 16.886 de plata.
EL EXCESO DE MONEDA PROVOCA LA INFLACIÓN
El hecho de que hubiera tanta moneda en circulación produjo, obviamente, un importante proceso inflacionario. Primero se dio en España y desde aquí se extendió por toda Europa. Los alimentos fueron los primeros productos que sufrieron la subida de los precios, mientras que la abundante mano de obra en América y Europa, producto del tráfico de esclavos africanos y del crecimiento de la población en Europa, detuvo el incremento de los salarios. Esta situación provocó una desigual redistribución de la renta entre la población: los ricos se hicieron más ricos y los pobres, más pobres. Fueron años de "picaresca" en que las clases populares se ingeniaron mil y una maneras de sortear la pobreza. Muchos decidieron probar fortuna en América y abandonaron familia y país para intentar salir de la miseria.
EL "OCHO REAL", PRIMERA MONEDA ACEPTADA EN TODO EL MUNDO
Durante los siglos XVI y XVII, España se convirtió en la primera potencia monetaria del mundo. El "ocho real" o "real de a ocho", también conocido como "duro" o "peso", fue la primera moneda aceptada por todos los comerciantes del mundo. ¡Incluso en China circularon reales de a ocho! El ocho real se empezó a acuñar en Nueva España (México) en 1536. Desde allí, grandes cantidades de moneda llegaban a España y eran utilizadas por los monarcas españoles para pagar a sus tropas en las guerras que tenían abiertas en Europa, para cancelar sus deudas con los banqueros alemanes, flamencos e italianos y para comprar múltiples objetos de lujo. La mayoría de estos pagos se realizaron con reales de a ocho. Como anécdota, cabe destacar que el sobrenombre de "peso" que recibió esta moneda, se mantiene en la actualidad como nombre de muchas monedas en circulación en América Latina. Por ejemplo, en Argentina, Chile, Colombia, México, Uruguay, Cuba y Venezuela la unidad monetaria es el peso. Además, el origen del dólar de EEUU se remonta a una moneda inspirada en el peso, que los norteamericanos acuñaron con el nombre de "Spanish Dollar" en 1776.
3 LAS INNOVACIONES FINANCIERAS EN EUROPA DURANTE LA EDAD MODERNA
El mercantilismo y las medidas proteccionistas que conllevaba no eran una práctica exclusiva de España. Portugal, Holanda, Francia e Inglaterra también lo practicaban con sus colonias. Por ejemplo, en Inglaterra se publicó una ley conocida como "Navigation Act" (1651), que obligaba a que toda la flota que comerciaba con Inglaterra fueran barcos construidos en los astilleros ingleses y cuya tripulación estuviera compuesta como mínimo por un 75 % de ingleses.
EL NACIMIENTO DE LAS COMPAÑÍAS MULTINACIONALES
Además, Francia, Holanda e Inglaterra intentaron centrar su comercio colonial en empresas privadas que tenían el monopolio del producto por concesión real. La Compañía Holandesa de las Indias Orientales, la Compañía Inglesa de las Indias Orientales y la Compañía Perpetua de las Indias Francesas fueron, en este sentido, las primeras multinacionales (empresa que desarrolla sus negocios en varios países al mismo tiempo) del mundo, porque estas empresas privadas administraron un comercio internacional determinado aprovechándose de las concesiones que la corona les había hecho. La aparición de estas grandes compañías favoreció el surgimiento y consolidación de la bolsa y del mercado bursátil.
LAS SOCIEDADES ANÓNIMAS FAVORECEN EL DESARROLLO EMPRESARIAL
En este período se registró un gran avance en el mundo empresarial gracias a la creación de las sociedades anónimas. Hasta entonces, no se había distinguido nunca entre una empresa y el propietario de la misma, de forma que si un negocio iba mal, los propietarios perdían todo lo que tenían, incluidos los bienes personales. Así, muchas personas no querían dedicarse a los negocios, porque corrían el riego de perder, además del dinero invertido en la empresa, su casa, sus muebles, etc. La sociedad anónima se creó para concederle a la empresa "personalidad jurídica propia", es decir, que en caso de problemas en el negocio, la empresa sólo respondía ante el juez con su patrimonio (bienes), pero no con el del propietario. Esto facilitó la apertura de nuevos negocios, porque el riesgo que se corría invirtiendo dinero en una empresa se limitaba a la cantidad invertida. Otra virtud de las sociedades anónimas es que el dinero invertido en la empresa está dividido en títulos de propiedad anónimos y de igual valor, denominados acciones. Los dueños de las acciones son los dueños de la empresa. Las acciones facilitaron a las empresas conseguir muchos socios o accionistas, porque estos tenían la seguridad de que, si querían en algún momento dejar de participar en el negocio, bastaba con vender sus acciones a otra persona. Para facilitar la compra y venta de las acciones de las sociedades anónimas se creó la bolsa de valores. La primera sociedad anónima propiamente dicha fue la Compañía Inglesa de las Indias Orientales. Actualmente, todas las grandes compañías son sociedades anónimas.
LA APARICIÓN DE LA BOLSA
La primera bolsa del mundo surgió a mediados del siglo XV, un poco antes del inicio de la edad moderna, en Brujas (Bélgica), en casa de un financiero judío llamado Bourse, que significa "bolsa" en francés. En el dintel de la puerta de su casa aparecían representadas tres bolsas de dinero. Gran financiero, a su muerte, quedó instalada en el salón de su casa la sala de reuniones de los primeros agentes de bolsa de la ciudad de Brujas. Allí se compraban y vendían las participaciones (acciones) en los negocios. Y de estas reuniones en casa de Bourse quedó el nombre de bolsa para denominar el lugar donde se efectúa la compraventa de acciones. En el siglo XVI aparecieron las primeras bolsas de valores, todas en Europa. La bolsa de Amberes (1531) fue la primera en conseguir prestigio internacional. Posteriormente se fundaron la Bolsa de Londres (1573) y la de Amsterdam (1611). Hacia el siglo XVII el sistema bursátil se había expandido y consolidado en el Viejo Continente.
LOS BANCOS OFICIALES PRIVADOS
En este período surgen también muchas innovaciones en materia bancaria. La más importante fue la aparición de los bancos oficiales. La primera ciudad donde se creó un banco de este tipo fue Amsterdam y no por casualidad. La ciudad holandesa era un centro comercial y financiero de gran importancia, donde se concentraban comerciantes de todo el mundo. Los cambistas de la ciudad habían desarrollado un provechoso negocio con el cambio de moneda, dado que en la ciudad entraban monedas procedentes de todos los países. Disgustados por la pérdida de dinero que les suponían los cambios de moneda, los comerciantes de la ciudad promovieron, por ley, la fundación de un banco que organizara y fijara los cambios de moneda y donde se centralizaran estas operaciones. El ejemplo del Banco de Amsterdam (1609) fue imitado por el Banco de Inglaterra (1694) y ambas ciudades se convirtieron en los centros financieros más importantes de la época.
PRIMERA EMISIÓN DE BILLETES DE BANCO
Estos bancos oficiales privados eran sociedades anónimas y dieron mucha estabilidad al sistema bancario, porque prestaban dinero a los bancos más pequeños, pagaban los depósitos de ahorro y convertían de manera inmediata las letras de cambio en oro. De todos los bancos oficiales, el primero que emitió sus propios billetes fue el de Estocolmo, en 1661. Un billete no es más que un papel impreso que compromete al banco a tener en sus arcas una cantidad equivalente al valor del billete. El banco puede tener esta cantidad en metales preciosos o en letras, pagarés, etc. La ventaja de los billetes frente a las monedas es que eran mucho más ligeros y fáciles de transportar. En Estocolmo, la escasez de metales nobles obligaba a pagar en pesadas monedas de cobre (tenían que ser pesadas porque el cobre tenía poco valor) o en letras de cambio que los comerciantes nunca cambiaban por monedas para evitar la incomodidad de transportar fortunas tan pesadas. Tal como estaban las cosas, los comerciantes aceptaron con agrado los billetes de banco como forma de pago, porque ya estaban acostumbrados a no poseer oro ni plata en moneda ni lingote.
LOS "CRACKS" BANCARIOS
Pero no todas las innovaciones financieras acabaron bien. En Francia, el Duque de Orleans, regente del Rey Niño Luis XV, asesorado por un escocés llamado John Law, creó el Banco Real y la Compañía del Mississipi, que administraba las posesiones francesas en América. La emisión de billetes del Banco Real se sustentaba en el supuestamente próspero negocio de la compañía colonial americana. El escocés logró crear una burbuja especulativa, inflando con falsas noticias el optimismo de los accionistas de la Compañía del Mississipi. Cuanto más dinero ponían los accionistas, más billetes emitía el Banco Real, sin que nadie desconfiara de la empresa ni exigiera cambiar sus acciones por oro. Pero un buen día se descubrió que el negocio de la Compañía no era tan fructífero como se decía, así que todos los accionistas empezaron a vender sus acciones, de tal forma que la cotización de las acciones cayó en picado. El pánico financiero afectó también a aquellos que tenían billetes del Banco Real, supuestamente respaldado por los tesoros de las colonias americanas, que también corrieron a exigir el cambio de los billetes por oro. Como no había tanto oro como billetes se habían emitido, el resultado del proceso fue una estafa de enormes proporciones que afectó a muchos ciudadanos. Desde entonces decir "banco" en Francia creaba desconfianza en la gente de la calle, por lo que las siguientes entidades financieras que se crearon cambiaron el nombre por el de crédito (credit, en francés), nombre que, en la actualidad todavía, reciben muchos de los bancos franceses.
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