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Uno de los violines más típicos de los
países nórdicos es el hardingfele ("violín de
Hardanger"), propio del sur de Noruega, concretamente de la vasta
llanura de Hardangervidda, que comunica la extraordinaria región
de los fiordos del oeste con los valles interiores del este. Se desarrolló
a partir del violín clásico y se caracteriza por tener cuatro
cuerdas con trastes (que se frotan por medio de un arquillo), más
cuatro o cinco cuerdas simpáticas (que vibran por simpatía,
es decir, sin tener que frotarlas: las otras cuerdas son las que les contagian
la vibración) colocadas bajo el diapasón. El cuerpo es más
estrecho que el del violín clásico; el diapasón,
más corto y las tapas, ligeramente abombadas. Tiene una sonoridad
brillante y una resonancia especial gracias a sus cuerdas simpáticas.
El hardingfele ha conservado la forma estilizada del violín barroco
y todo él suele estar decorado con exquisitez, con dibujos e incrustaciones
de una gran belleza y finura, hasta el punto que se le llama "violín
tatuado". En manos de un buen violinista, el hardingfele puede llegar
a sonar como dos instrumentos a la vez, y cuando se tocan dos, llega a
sonar como una orquesta de cuerda. Fíjate en la afinación
de la melodía de esta Audición, que probablemente te resultará
extraña y "desafinada" pero que le proporciona un carácter
misterioso e hipnótico. Se trata de un halling, una danza noruega
muy peculiar: hablaremos de ella en el itinerario 5. El título
hace referencia a un músico ambulante de Bygland, del siglo pasado,
famoso no sólo por ser zurdo, sino también por el vigor
y la energía de sus interpretaciones, que hacían bailar
al pueblo entero.
Las viejas melodías de Escandinavia tienen
unas escalas peculiares, que se alejan del sistema temperado usado por
la música culta occidental (como en el caso de la melodía
que interpreta el violín de esta Audición). Eso hace que
un oído poco acostumbrado crea simplemente que están desafinadas,
pero se trata de una afinación muy peculiar y característica
en que las distancias entre cada nota no corresponden a los tonos ni
a los semitonos que conocemos en la música culta. De hecho, los
jóvenes músicos escandinavos que se dedican a la música
folclórica centran sus esfuerzos en aprender y tocar correctamente
esta difícil escala, por otro lado tan genuina de su tierra.
En el otro extremo de Europa, en Grecia, se halla
otro instrumento de arco (aparte del violín clásico) curioso,
mucho más autóctono y genuino, y que también hace
melodías con esta afinación "peculiar": la lyra.
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