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Audición 7/07
Itinerario 4
Audición 36
Fado Senhora d'Aires


A medio camino entre Lisboa y Porto, en la región de la Baixa Beira, se halla una bella ciudad, Coimbra, cuna del fado. El fado es un estilo de canción urbana de café y taberna, paralela al rembetiko griego, al blues y al primitivo tango. La voz es la gran protagonista, siempre acompañada por la guitarra portuguesa (de 10 o 12 cuerdas) o por el violão, cantando emotivamente las penas de la cruel realidad de la vida, o haciendo intensas melodías de amor platónico de una obsesiva belleza. El fado de Coimbra tiene el lirismo de los paisajes de la región y la nostalgia de sus claros de luna, el perfume particular de sus calles, iglesias y palacios medievales. Se trata de una canción de carácter tradicional creada por los estudiantes de la Universidad de Coimbra, una de las más antiguas de Europa. No quedan documentos escritos, pero es seguro que tiene profundas raíces en el folclore portugués y en especial en sus poesías, de un gran lirismo, que tan frecuentes son en la región de la Baixa Beira. También encontramos sus orígenes en ciertas melodías brasileñas, las modinhas, importadas por los estudiantes brasileños que iban a las universidades portuguesas incluso antes de la independencia de su país (en el año 1835), o en bellas canciones trovadorescas y en ciertos cantos de tipo religioso que aportan un tono místico a esta clase de canción. Incluso en Lisboa, el fado tiene reminiscencias de las danzas africanas que habían importado los asimilados (mestizos) afincados en el siglo XIX en los populares barrios de Alfama y La Mouraria.

El fado deriva de todas estas fuentes, pero actualmente su estructura poética y su forma musical están muy alejadas de estos orígenes. Sin embargo, nunca se ha desvinculado del mundo estudiantil y universitario, ni de las influencias de la música erudita, ni de la contribución literaria de los grandes poetas lusitanos que han dejado en ellos su huella. Pero la verdadera fuente inagotable e inseparable de la mayoría de los fados es este particular sentimiento del pueblo lusitano, esta especie de melancolía nostálgica que ellos llaman saudade, un término intraducible, equivalente a blues o el spleen. La palabra fado proviene de la palabra latina fatum, que significa "hado", "destino" y hace referencia a este sentimiento de nostalgia teñido de sensualidad y fatalismo que el aliento del fado sabe transmitir.

Actualmente el fado goza de una gran popularidad y se puede oír en los cafés y las calles de cualquier ciudad portuguesa, no sólo como música sino también como poesía, palabras, actitudes e incluso como una forma de vida; siempre ha mantenido el sentimiento de libertad, fraternidad y justicia social, como una toma de conciencia ideológica y de intervención política. En esta Audición podemos escuchar uno interpretado por uno de los mejores cantantes de fados de la actualidad: Fernando Machado Soares, originario de las islas Azores. Su voz pujante y dulce a la vez, muy timbrada y al límite de la grandilocuencia y del patetismo, evoca un universo poético en el cual las más grandes bellezas también son las más huidizas y evanescentes. Te ofrecemos el texto en portugués; fíjate en las numerosas palabras y expresiones próximas a nuestra lengua: ¿te atreves a traducirlo? No te pierdas otra extraordinaria cantante de fados, Amalia Rodrígues, ni uno de los mejores guitarristas actuales, Artur Paredes.

Senhora d'Aires

A Senhora d'Aires / De ao pé de Viana / Tem o seu altar / Feito à romana / Tem o seu altar / Feito à Romana / A senhora d'Aires / De ao pé de Viana / As cobrinhas d'agua / Sao minhas comadres / Quando là passares / Dà-lhes saudades / Dà-lhes saudades / Saudades minhas / Quando là passares / Ao pè das cobrinhas / A Senhora d'Aires / De ao pé de Viana / Tem o seu altar / Feito à romana / Tem o seu altar / Feito à Romana / A senhora d'Aires / De ao pè de Viana.

Un nombre legendario del fado portugués es Maria Severa; ella es el origen de la tradición de la fadista con la costumbre de cantar con un amplio y dramático chal negro sobre los hombros, y de una leyenda curiosa. Nació en el barrio de Alfama, en Lisboa. Regentaba con su madre una pequeña taberna a principios del siglo XIX, donde ya se interpretaba el fado en estado embrionario. Cuentan que en el año 1836, un famoso aristócrata, el conde de Vimioso, tuvo la oportunidad de escucharla cantando fados. Esa experiencia lo arrojó, según los observadores de la época, a un "tempestuoso romance". El impacto que tuvo este escándalo en la sociedad de Lisboa (¡un aristócrata con una fadista!) fue tan grande que, a partir de entonces, este género de canción tuvo gran eco y una amplia y especial atención por parte de la opinión pública: artículos de periódico, avalancha de intérpretes, publicación de enormes cantidades de fados y la gran curiosidad de conocer aquella música tan sensual y embrujadora que invadió la sociedad portuguesa.

Tanto el fado de Lisboa como el de Coimbra deben tener este sentimiento especial, la "saudade", para ser considerados genuinos y auténticos: ningún cantante tendrá una larga carrera si no la posee ni la sabe transmitir. La actitud del público es realmente crucial en una interpretación en vivo y las reglas de la audiencia son tan estrictas como las del cantante. En una típica sesión ninguna audiencia soportará una interpretación pobre y floja hasta el final, ni tolerará ninguna interrupción en una de buena. No se permite hacer el más mínimo ruido, pero a un cantante malo se le puede parar en medio de una mala interpretación. Al final de la canción es perfectamente aceptable aplaudir con fuerza, silbar, gritar, golpear la mesa, patear el suelo e incluso tirar cerveza; y cuando la interpretación ha sido excelente, el mejor premio para el cantante es gritarle la palabra "fadista". Todo un espectáculo.

Hay muchos otros ejemplos tradicionales de una gran belleza en toda Europa, como las célebres y apasionadas canciones napolitanas, o las dulces baladas inglesas y escocesas que te recomendamos que escuches detenidamente.