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Esta contradanza es originaria de Italia. Tiene un ritmo alegre y vivo,
que invita a bailar. Fíjate que el instrumento que lleva la melodía
es una flauta y que la acompaña un acordeón. De fondo se
oyen una pandereta marcando el ritmo y una mandolina. Pero aún
hay otro instrumento curioso y singular: ¿lo puedes identificar?
¿Sabes cuál es? Se trata de la guimbarda. Para descubrir
este curioso instrumento habrá que escuchar la Audición
núm. 41.
En las islas Británicas es muy habitual
ver bailar unas danzas muy características y populares que conservan
el espíritu de las contradanzas, como el reel, una danza muy
divertida y alegre, casi frenética, en compás binario,
omnipresente en cualquier fiesta irlandesa o escocesa. Se suele interpretar
con el fiddle, la gaita, la flauta, la guitarra y el acordeón.
Podemos oír dos ejemplos en el itinerario 1 (audiciones 1 y 3)
o en la Audición del fiddle del itinerario 3. Otra danza
de estas regiones, relacionada con las antiguas contradanzas es el jig,
también alegre y viva pero de compás ternario; adopta
su nombre de la giga, una antigua danza renacentista. En esta música
a menudo se tocan seguidas y sin interrupción dos o tres danzas,
ya sean reels o jigs o la combinación de ambos, para contagiar
mayor dinamismo a los bailadores, que saltan, chillan y golpean el suelo
con los pies o bien con las manos, marcando el compás. Ver bailar
una de estas danzas es todo un espectáculo ¡y en Irlanda
no es en absoluto difícil!
Otras danzas que todavía se bailan y tienen
su origen en las antiguas contradanzas inglesas son las barn dances
(danzas de granero). Se suelen interpretar con acordeón y banjo,
y una de ellas se ha hecho famosa en nuestros días a través
de una versión navideña realizada con posterioridad: es
Jingle Bells.
La popularidad de las contradanzas atravesó
el mar y llegó a tierras donde la danza ya era una gran protagonista
en su sociedad, como en el caso de los países nórdicos.
La música folclórica escandinava tiene una enorme cantidad
de danzas, en las que es posible hallar desde valses y polcas omnipresentes
en toda Europa hasta danzas rudas y acrobáticas más próximas
a las de los cosacos. Cada pueblo y aldea tiene su grupo musical (eminentemente
formado por violines y acordeones, como ya hemos visto en el itinerario
2), que anima cualquier fiesta que celebren y acompaña todas
las danzas. En el medio rural, al final de la cosecha, y coincidiendo
con los solsticios, se celebran fiestas en las que todo el mundo baila
hasta bien entrada la larga noche nórdica (pueden durar hasta veinte
horas, según la zona y la estación). Entonces la danza se
convierte en un auténtico medio de relación social, en la
mejor manera de expresar las inquietudes, los sentimientos y las ilusiones.
Estas danzas folclóricas se han transmitido de generación
en generación sin haberse escrito casi nunca la partitura, hasta
nuestro siglo. En Noruega también encontramos las danzas más
comunes de la Europa central, como los valses, las polcas y las mazurcas,
pero la danza noruega por excelencia es el hailling. Esta danza, que baila
un hombre solo, es una de las más enérgicas y acrobáticas
de toda Europa, y tiene ingredientes propios de las danzas de los cosacos.
Tiene un ritmo binario muy marcado y la melodía interpretada por
el hardingfele (que hemos escuchado en el itinerario 2) tiene un
aire misterioso e hipnótico.
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