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A pesar de que en Suecia, desde el siglo XIX, se practican
mucho las danzas más difundidas en Europa (valses, polcas...) la
danza más importante y genuina de este país es la polska,
que no hay que confundir con la polca europea, de ritmo binario. Esta
polska tiene un intrincado pero fluido ritmo ternario, en algunos casos
de una extraordinaria complejidad, similar al que se puede hallar en las
danzas de los países balcánicos. Comparada con el ritmo
ternario del vals, en que sólo se acentúa el primero de
los tres tiempos, la polska da énfasis al primer y al tercer tiempo,
hasta el punto de que los mismos músicos patean el suelo para marcarlos
más intensamente. La polska sueca suele interpretarse con dos violines
y el sonido que pueden llegar a producir a veces parece de otro mundo.
Hay una bonita leyenda que se refiere al origen de esta danza y proviene
de un pueblecito llamado Horga, situado en la región de Hälsingland.
Cuenta la leyenda que tiempo atrás, en
fechas señaladas o con motivo de cualquier celebración,
todos los jóvenes del pueblo se reunían para bailar las
melodías que tocaba el violinista del pueblo. En una ocasión,
en medio del jaleo y las risas, la puerta se abrió y entró
un extraño personaje vestido completamente de negro, pidió
el violín y empezó a tocar una danza muy especial, una
polska. La melodía y la forma de tocarla eran tan maravillosas
que todos se pusieron a bailar sin parar (incluso después de
verle, al extraño personaje, pezuñas de cabra y descubrir
que era el mismísimo demonio disfrazado). El extraño individuo
continuó tocando aquella hipnótica melodía durante
horas sin parar, hasta que todos los bailadores cayeron muertos al suelo
(o bien, según otras versiones de la leyenda, sus cuerpos muertos
siguieron bailando hasta que se convirtieron en esqueletos y cayeron
rodando por la ladera de la montaña). Esta polska se llama Horgalaten
(melodía de Horga) pero se la conoce popularmente como la polska
del diablo, y todavía es una de las melodías más
conocidas y bailadas de Suecia, aunque sus "dramáticos"
efectos parecen haberse perdido.
En Finlandia se puede encontrar la música de
danza más rápida y alegre de toda Escandinavia, por su gran
cantidad de influencias tanto de Rusia como de Suecia (recordemos que
Finlandia perteneció 100 años a Rusia y 600 años
a Suecia, y no se consolidó como estado hasta el año 1917).
Sus danzas son variadas; tiene polcas, valses y scottisch, así
como la polska sueca, que incluso tiene un ritmo más intenso que
en la propia Suecia. Uno de los grupos más populares de Finlandia,
de música tradicional y folclórica, surgido de la academia
de música de Helsinki, es Värttinä, cuatro chicas vocalistas
y un grupo instrumental de acompañamiento, que ha revitalizado
la tradición más genuina y propia de su país, a través
de una aproximación moderna, exuberante y agresiva.
Hemos visto como en los países escandinavos
y en especial en Finlandia, una de las danzas más practicadas aún
era el scottisch. Se trata de una danza de pareja, de ritmo binario y
más bien lenta. Hemos podido escuchar uno galés en el itinerario
1 (Audición 9). Pero el scottisch es una danza realmente viajera
porque el lugar de Europa donde ha sido más popular y más
se ha practicado durante el siglo XX ha sido... ¡en Madrid! Una
deformación fonética convirtió esa palabra en el
popular chotis, el baile emblemático de cualquier verbena "castiza".
El original scottisch fue adoptado en España y se popularizó
a fines del siglo XIX, hasta tal punto que se introdujo en muchas zarzuelas
para darles un aire más popular. En un abrir y cerrar de ojos hemos
viajado por tres regiones muy distintas de Europa: Finlandia, Escocia
y Madrid, unidas por una danza: el scottisch. Ahora os proponemos escuchar
uno de la Valonia (Bélgica).
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