|
La sevillana, como su nombre indica, es originaria de Sevilla, una bella
ciudad andaluza. De hecho, se trata probablemente de un tipo de seguidilla
(otro baile popular de Andalucía y de toda la Península)
propia de Sevilla, en compás 3/8 o 3/4. Parece ser que su origen
se remonta a la edad media, a una danza campesina de primavera, en que
predominaba la improvisación de versos. Se trata de una danza cantada
y acompañada por la guitarra, que hace acordes, y las castañuelas.
Las sevillanas se han hecho muy populares en toda
España, pero los lugares ideales para verlas e incluso bailarlas
son la Feria de Abril de Sevilla y la Romería del Rocío,
verdaderos espectáculos alegres y coloristas en los que la música,
el canto y el baile son los protagonistas.
Es interesante escuchar el repiqueteo de las castañuelas,
un verdadero lenguaje complejo y riquísimo, que exige mucha destreza
y habilidad. Existen auténticos virtuosos que lo han convertido
en un arte de gran belleza. Las castañuelas son unos instrumentos
de percusión muy asociados a España y en especial al flamenco,
pero de hecho, la mayoría de las piezas flamencas no las incorporan,
y como instrumento rítmico no solamente las encontramos en el sur
de España, sino también en varios países del área
mediterránea, donde se difundió a partir del antiguo Egipto,
lugar de dónde se tienen las primeras noticias, hace ya más
de 2000 años.
En Grecia, por ejemplo, se utilizan en un estilo de
canción llamado Amanedhes, en que una mujer canta, baila y toca
las castañuelas acompañada por una koumpania de músicos.
Tampoco es extraño hallarlas en varias zonas de la península
Ibérica: en el Alentejo (Portugal) las danzas se interpretan con
la gaita de foles (la gaita típica portuguesa), el pífaro
(una especie de flauta) y las castañuelas; en las Baleares se utilizaban
unas de más grandes para acompañar rítmicamente los
famosos boleros y son muy comunes en las jotas, un baile de pareja que
podemos encontrar en muchos lugares del Estado español.
La imagen más popular del folclore andaluz
son probablemente las sevillanas, pero también es muy popular
el baile flamenco. Se trata de un baile emocional, intenso y potente,
físicamente fuerte, en el que interviene todo el cuerpo, que
debe estremecerse en cada momento y buscar una tensión especial.
Cada movimiento tiene un sentido y es impresionante el considerable
trabajo de pies, que patean el suelo a un ritmo endiablado, convirtiéndose
en un instrumento rítmico más. Esta habilidad surgió
y se desarrolló a principios del siglo XX y caracteriza el flamenco
moderno. Su eco social aumentó e incluso dejó boquiabiertos
a compositores clásicos como Manuel de Falla, que en el año
1915 compuso El amor brujo, un ballet flamenco dedicado a la bailaora
Pastora Imperio, la fundadora de la primera compañía de
danza de España.
En el itinerario 4 podemos escuchar un ejemplo
interesante, aunque, como en la mayoría de danzas tradicionales
(y en especial del baile flamenco), no hay nada más apasionante
que verlo en vivo.
La variedad de formas, estilos, ritmos
y cantos de las danzas españolas es impresionante: desde la muñeira
gallega, rápida y alegre, en compás 6/8 y siempre acompañada
por la gaita y el tambor, hasta las folias (danza más solemne y
reposada) que se encuentran tanto en el País Valenciano como en
las islas Canarias. Dentro de esta diversidad destaca una por su patrón
rítmico particular y original, más próximo a las
danzas griegas de ritmos asimétricos: es el zortziko.
|