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Imperio y papado 
Desde la época de Carlomagno (año 800) hasta el siglo XIII hubo dos poderes de carácter político y religioso que pretendían aglutinar a las naciones de la Europa occidental, se trata del imperio y del papado.

El imperio era una institución que estaba por encima de los reinos y que en cierto modo pretendía restablecer el Imperio Romano de Occidente con la bendición de la Iglesia; estaba en manos del emperador germánico, por lo que recibía el nombre de Imperio Romano Germánico.

Elección del papa Juan XII


El Papa, como suprema autoridad religiosa, era quien coronaba al emperador, que debía ser la mano armada en defensa de la Iglesia. El Papa era también el jefe de los estados pontificios que ocupaban la parte central de Italia y actuaba en sus territorios como un monarca feudal. Además podía excomulgar, es decir, separar de la Iglesia a los fieles de cualquier país, incluidos los reyes y emperadores. Si este hecho se producía, los señores eran privados de la fidelidad de sus vasallos y súbditos.

A lo largo del siglo XIII hubo enfrentamientos armados entre los dos poderes, mientras algunos reinos europeos se organizaban y afianzaban su poder, especialmente Inglaterra, que tenía una monarquía parlamentaria desde 1239, y Francia, que en manos de Felipe IV el Hermoso se enfrentaría al papa Bonifacio VIII, que aprovechando la debilidad del imperio germánico quiso imponer su autoridad sobre la cristiandad occidental. Tras la muerte del papa Bonifacio (1305), fueron elegidos una serie de papas franceses que trasladaron su corte a Aviñón hasta 1377, en que el Papa regresó a Roma por la presión de dos religiosas: Catalina de Siena y Brígida de Suecia.


 El Papado en el siglo XIV
 Imperio y papado
 
 

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