Desde el siglo XI hubo enfrentamientos entre los miembros de las ciudades y los señores, tanto laicos como eclesiásticos, y también de los señores entre sí y contra el poder de la monarquía. Pero fue desde finales del siglo XIII y a lo largo de los dos siglos siguientes cuando los enfrentamientos, tanto en el campo como en las ciudades, entre pobres y ricos, señores y siervos, trabajadores y empresarios, se generalizaron.
En la Europa de aquellos tiempos, un 70 % de los habitantes vivía en una pobreza relativa, para ellos el equilibrio entre comer precariamente y morir de hambre podía romperse por cualquier circunstancia: malas cosechas, enfermedades, muerte del cabeza de familia. Además había un 12 % de la población europea que vivía al margen de la sociedad (mendigos, vagabundos, jornaleros itinerantes).
A lo largo del siglo XIV hubo revueltas campesinas y también levantamientos urbanos. Entre los movimientos rurales de la época, el más importante fue la Jacquerie, iniciada en Francia en 1358. Algunos de estos movimientos pretendían crear un orden social nuevo basándose en las teorías sobre el fin del mundo, como los flagelantes que se extendieron por Alemania y los Países Bajos tras la peste negra, y el levantamiento igualitario que encabezó en Inglaterra John Wyclif en 1381. En Cataluña, desde finales del siglo XIV y a lo largo del siglo XV está el movimiento Remença, que pretende liberar de sus cargas a los siervos de la gleba.
Entre los movimientos urbanos fueron muy importantes los levantamientos en las ciudades de Flandes, muy prósperas gracias a la industria textil, que permitía una floreciente exportación de paños. Los mercaderes y empresarios textiles flamencos hacían buenos negocios y crecía el número de trabajadores que se dedicaban a esta industria: hilanderas que pasaban el día en la rueca, tintoreros que teñían las lanas, llamados "uñas azules", ya que sus dedos quedaban teñidos igual que las telas, tejedores que tejían los paños, bataneros que lavaban, estiraban y daban apresto a las telas. Todos trabajaban para los empresarios textiles y mercaderes, que les pagaban un ínfimo salario; además, el encarecimiento de las lanas que venían de Inglaterra terminó por exasperar a la población. En Brujas, ya en 1302 había estallado una revuelta popular y los grandes movimientos flamencos, tanto campesinos como urbanos, se extendieron desde principios del siglo XIV. No todas las luchas nacieron de los estamentos populares: en 1349, un rico burgués de Gante se levantó contra la autoridad del conde de Flandes, intentando imponer una política de ciudades estado; pero fue asesinado por los tejedores descontentos.
En otras ciudades europeas hubo luchas internas desde mediados del siglo XIV y se prolongaron durante el siglo siguiente. Por ejemplo, los trabajadores de la lana de Florencia encabezaron una revolución en 1378, llamada de los Ciompi: pedían el derecho a asociarse, mejorar su salario e intervenir en el gobierno municipal.
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